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Junio 02, 2005

Practicas funerarias en el valle de Quibor

Informaciones sobre sitios con restos funerarios son reportadas en Lara tempranamente dentro del desarrollo de la arqueología nacional. El valle de Quíbor señala su presencia en el mapa arqueológico debido al sitio funerario especializado del cementerio del Boulevard de Quíbor, ubicado en el centro de la población, a poca distancia de su Plaza Bolívar. Las excavaciones se iniciaron con dos a principios de siglo a cargo del Dr. Baudilio Lara, una antes de la construcción de su Quinta San Román, y otra después de haber sido construido su jardín, bajo el que se hallaría el cementerio [LUCENA, 1982]. Los materiales recuperados fueron enviados a Francia por el Dr. Fréitez Pineda, pionero local de la arqueología. Hacia los 1930 la instalación de la primera tubería de agua del pueblo permitió rescatar cerámica y concha. Una reinstalación a cargo del INOS en 1964 fue la que permitió el resonado redescubrimiento accidental del sitio, iniciando Adrián Lucena Goyo las excavaciones en 1965, y dando pie a la fundación de lo que sería el Museo Arqueológico de Quíbor. Lucena reportaría hasta 42 sitios funerarios en la depresión de Quíbor, “emparentados” con el Cementerio del Boulevard [LUCENA, 1982: 39-40]. Sorprende lo prolongado de las campañas de excavación del Cementerio del Boulevard de Quíbor, comparado con la escasa dedicación que se le ha podido dar a la sistematización de la evidencia y su análisis, señalando los investigadores posteriores que su tarea fue la de un rescate, no sólo in situ, sino dentro de las propias colecciones del Museo. La tarea ciertamente se presenta difícil en cuanto a que la primera etapa de excavaciones profesionales fue más destructiva para los datos que constructiva, junto con el carácter esotérico de los resultados, conocidos generalmente por dos publicaciones de Lucena, a pesar de una tercera que según éste [LUCENA, 1982], fue presentada como ponencia en el XXXIX Congreso Internacional de Americanistas en Lima, 1969, basado en una monografía inédita que al parecer su tenaz preocupación por supuestos pobladores pigmoides no le ha dejado suficiente tiempo para publicar.

En el Estado Lara se encuentran o encontraban 4 sitios funerarios especializados de importancia: Cerro Manzano, Camay, Las Locas, y Boulevard de Quíbor. La cronología establecida para la región de Lara tiene por más antiguos los enterramientos secundarios en urnas cerámicas con objetos votivos, asociados a la ocupación Tocuyanoide, fechados hacia el 2000 a. p., y hallados en Camay, la depresión de Quíbor, y cuevas de las estribaciones andinas larenses. Camay fue excavado por el Hermano Esteban Basilio, de La Salle de Barquisimeto, y sus hallazgos desde los 1940 son museológicamente apreciados. En los Planes de las Cuibas (topónimo arqueológicamente llamativo) del Cerro Manzano, en las inmediaciones de Barquisimeto, fue descubierto accidentalmente a inicios de los 1930 un cementerio de los habitantes prehispánicos de Agua Viva, Río Claro y El Manzano. De esta necrópolis excavada por el también lasallista Hermano Nectario María sólo se conserva parte del ajuar funerario, habiéndose perdido los restos óseos, pulverizados por el deterioro. Su cronología es desconocida, pero se la supone situada a inicios de la era cristiana. Se trataría de dos yacimientos superpuestos, uno con una profundidad de 1 m ó 1,5 m, y otro de 0,5 a 1 m más abajo, presentando enterramientos múltiples dispuestos en “haces mortuorios”, dado que se observaron cráneos distribuidos en forma de corona alrededor de otro. La lectura del texto del Hermano Nectario María [1942] deja la duda de si encontró o no los esqueletos poscraneales, y si efectivamente estaban estos esqueletos (extendidos decúbito dorsal) dispuestos de acuerdo a cómo los representan gráficamente las plumas de “Vizcarrondo” y “Domínguez” en el artículo de Nectario María. Asociados a los esqueletos estaban vasijas, collares y placas aladas, colocadas bajo los cráneos a modo de almohada, lo que le permite dudar al Hermano que estos objetos ya reconocidos para la arqueología de la época fuesen pectorales, pese a que en sus propias excavaciones estos “ornamentos fúnebres religiosos” aparecen también depositados sobre el pecho. El esqueleto central del primer yacimiento no tenía otro adorno que la placa bajo su cráneo, mientras que los esqueletos que formaban un haz a su alrededor tenían todos collares. La materia prima incluía Strombus gigas y otras conchas, turquesas, ámbar. Cada esqueleto se acompañaría de una vasija cerámica, a veces dos, y raras veces tres. En el segundo yacimiento, el cráneo central reposaba sobre dos placas aladas, acompañado de vasijas, tinajas, floreros, siendo los ajuares más profusos, incluyendo grandes collares de Dentalium. Todos los esqueletos con excepción de uno tenían una olla o una tinaja, de nuevo a veces dos y raras veces tres, junto con collares de cuentas pequeñas. Había al menos un enterramiento secundario, y evidencias de restos de envolturas con hojas de árboles. Nectario María interpretó las placas aladas como parte de un culto a un dios murciélago o dios del sueño y los enterramientos múltiples como sacrificios humanos de un séquito de ultratumba para el gran señor que aparecería en el centro de los haces.

Posteriormente, entre los siglos II a VII de nuestra era se ubica a la Fase Boulevard definida originalmente por los hallazgos del Boulevard de Quíbor, y que Arvelo asocia a los portadores del Estilo San Pablo, definido originalmente para la depresión de Yaracuy. Contemporáneo pero distinto es el cementerio que Lucena llama “El Tiestal” y Sanoja “Las Locas”, cuya alfarería muestra más semejanzas con producciones andinas como el Estilo Santa Ana que con alfarería larense, sin presentar sitios de habitación asociados. Durante este período se presentan enterramientos primarios indirectos y directos simples, aunque los hay secundarios y múltiples, acompañados de cerámica, concha y cestería. Este análisis se dedicará al Cementerio del Boulevard.

Como Azócar y Ramos [1986], llamaremos Sector A á la porción del cementerio del Boulevard de Quíbor excavada por Lucena con interrupciones entre 1965 y 1979, y llamaremos Sector B a las excavaciones iniciadas por Molina y Toledo en 1981. Lucena definió para el cementerio del Boulevard 7 niveles culturales, esto es, 7 capas que contenían esqueletos, en 20 niveles estratigráficos, no indicando de qué capa natural o de qué nivel estratigráfico obtendría una datación absoluta de 1650 ± 70 a. p. Ubicó el cementerio en el 318 A. D., es decir, a finales del Período II de la cronología de Cruxent y Rouse. Para el Sector B, Molina y Toledo llegarán a disponer de los fechados 1805 ± 70 a. p. y 1375 ± 40 a. p., lo que indica que el cementerio tuvo un uso prolongado de quizá hasta más de 500 años (siglos II a VII). Bajo los esqueletos más profundos encontraron un lecho de cantos rodados, aunque sin dejar del todo claro si este lecho es antrópico o natural, indicando esterilidad arqueológica más allá. Aunque para 1982, sus hallazgos de 32 enterramientos no les permitían establecer constantes o capas culturales, los 50 que tendrían para 1986, junto 212 rescatados de las colecciones de Lucena, permitirán a Azócar y Ramos elaborar su tesis de grado, en la cual caracterizan al Cementerio del Boulevard de Quíbor como correspondiente a los restos de un modo de vida aldeano cacical, según la diferencialidad en el trato a los muertos. ¿Cuánta seguridad podemos tener en cualquier interpretación basada en la (des)información acerca del Sector A?

Jugando a abogados del diablo, manteniendo una distancia escéptica de las interpretaciones recibidas para fomentar la discusión, hacemos notar que es distinto interpretar la diferenciación social que se evidenciaría en el cementerio del Boulevard como una desigualdad jerárquica vertical o piramidal, que interpretarla como una diversidad intratribal quizá horizontal e igualitaria. Las variables utilizadas como indicadores de rango por Azócar y Ramos son la profusión de la parafernalia asociada al enterramiento, la orientación espacial de los esqueletos y sus cráneos de acuerdo a los puntos cardinales, y la posición de reposo del esqueleto. Preliminarmente establecen que el rango es directamente proporcional a la profusión de parafernalia, e inversamente proporcional al número de individuos con parafernalia similar. Así, la escasez de individuos con abundante parafernalia es adjudicada a un linaje dominante, mientras que la riqueza de individuos pobres es adjudicada a una mayoría de comunes dominados. Esto parece históricamente cierto para una sociedad de clases, feudal o capitalista, pero no etnológicamente afortunado para sociedades tribales con clanes, sibs y fratrías bien documentadas. Se echa de menos variables como edad y sexo debido a la carencia de estudios al respecto, pese a la fuerte tradición osteométrica e identificatoria de nuestra antropología física nacional. Tampoco estudios de paleoparentesco de los restos óseos con colágeno estaban disponibles al momento de su trabajo. No lo están hoy del todo, pero con seguridad lo estarán en los próximos años y décadas. Un enfoque paleodemográfico se impone en el análisis del cementerio del Boulevard, ya que las discriminaciones que permitirían modificarían las interpretaciones o exigirían alternativas. El contraste de hipótesis y la propuesta de modelos alternos no son una manía o rasgo de una cierta filosofía o ideología de la ciencia, sino un requisito para una posición crítica ante el propio conocimiento y ante el mundo. También ha de resaltarse que de acuerdo a ya 60 años de consenso en la filosofía de la ciencia acerca del “contexto de justificación” (el disenso se refiere a la introducción de la historia y la sociedad en el “contexto de descubrimiento”), los resultados del análisis cuantitativo estadístico no constituyen demostración ni explicación, dado que implican la operación lógicamente insostenible de la inducción infinita de casos o enunciados particulares a principios o leyes generales y universales, y de hecho, su presentación puede manipularse para favorecer cualquier posición ideológica extracientífica. Aunque esta discusión va más allá de lo aquí pertinente, la señalamos en cuanto los datos cuantitativos de Azócar y Ramos no están presentados “amigablemente” ni suficientemente sistematizados ni ilustrativos. Se extraña la tabulación de proporciones o porcentajes, en lugar de cantidades absolutas, que permitirían un mejor manejo o interpretación de los datos. También se extraña una mejor correlación de las variables y que no se intente explicar porque las correlaciones podrían permitir patronizaciones distintas de la evidencia. Y sin la consideración de edad y sexo, la interpretación sólo puede ser tentativa, no exhaustiva. Una falla notable es que no se matice la interpretación tomando en cuenta la cantidad de enterramientos cuya orientación no pudo ser identificada.

La ausencia de sitios de habitación y de otras áreas de actividad puede merecer bastante consideración a la hora de aceptar si efectivamente los indicadores arqueológicos utilizados para interpretar las evidencias muestran un modo de vida aldeano cacical con exclusión de un modo de vida aldeano igualitario. El desenvolvimiento de los estudios etnológicos y etnohistóricos no apoyan tan seguramente como antes estos indicadores. Viejas asignaciones a jefaturas y señoríos han perdido bases en investigaciones más recientes, y la teoría muestra un mayor escepticismo estos días frente a la búsqueda de intermediarios evolutivos entre las sociedades igualitarias (ya no consideradas tan simples) y las sociedades estatales. El trabajo de Azócar y Ramos presenta como limitante metodológica partir de la suposición de que efectivamente era una sociedad cacical, sin establecer la posibilidad de contraste de hipótesis o modelos que puedan suponer la igualdad, o al menos la recurrencia del Big Man, como alternativa teórica al cacique. Así, casi tautológicamente, cualquier diferencia cuantitativa que pueda indicar diversidad intrasocietal, es interpretada como desigualdad jerarquizada en rangos. Para este esquema, sólo la absoluta indiferenciación y uniformidad en los enterramientos podría haber restado apoyo a la suposición de un cacicazgo. Tal grado cero de diferenciación es dudoso: difícilmente existe una sociedad sin diversidad, y antes bien, ésta es requisito para la vida social, incluso la vida social animal de hormigas y abejas. La “limitada variabilidad formal” y los “escasos márgenes de diferenciación” de la cerámica funeraria del Boulevard son para Toledo [1995: 91] indicativos de un “patrón cultural rígido”. ¿Esto debe ser necesariamente interpretado como la fuerte cohesión de un colectivo igualitario indiferenciado o como la obediencia a los decretos divinos de un jefe de linaje dominante? El crecimiento teórico y la resolución de los problemas prácticos están en el planteamiento de interpretaciones alternativas.

La interpretación de la evidencia de diferenciación social funeraria como desigualdad jerárquica de acuerdo a la profusión del ajuar funerario, se basa en la consideración del consumo suntuario como factor estimulante de la producción. Los procesos de trabajo de ésta se encontrarían tan desarrollados como para producir excedentes, dirigidos en parte a ser apropiados por los señores a fin de sustentar su posición religiosa, el fomento del intercambio a larga distancia, o el mantenimiento de un grupo, no comprometido en la producción de sus propios alimentos, de artesanos especializados en la manufactura a partir de materia prima exótica, como sugiere la gran elaboración de los objetos de concha asociados a los enterramientos. Se supone los personajes dominantes cumplen una función de gerencia social de los recursos naturales, humanos y sobrenaturales, esto es como coordinadores de la producción económica y de los procesos de trabajo, por lo que deben ser remunerados por tributo con objetos que contribuyen a la continuidad de su rol. Así, el consumo suntuario está en los cementerios relacionado al ámbito ritual y ceremonial que sanciona un estatus o adscripción que precede al nacimiento, como sugieren los ajuares que acompañan a los niños fallecidos, y perdura aún después de la muerte. En vida, el parentesco sanciona los mecanismos de distribución, pero los objetos votivos que acompañan a los difuntos son sacados de la circulación cada vez que son enterrados, por lo que su producción debe iniciarse una y otra vez. Esto garantiza la reproducción social, esto es la continuidad del ciclo económico y la actividad productiva, haciendo del consumo suntuario no un fin, sino un comienzo y un medio. Este modelo económico tiene el defecto ideológico de legitimar tanto la tecnocracia de gerentes bien pagados, como la burocracia y la planificación central redistributiva de un Estado colectivista y totalitario, y de reducir a los comunes a proletarios o esclavos ciegos dentro de un hormiguero.

Las diferencias de datación absoluta entre el Sector A y el Sector B pueden o no ser cruzadas con las diferencias de profusión de parafernalia entre ambos sectores. De estimarse una mayor continuidad sociopolítica a lo largo del tiempo, se interpretaría como uso diferencial y preferencial del espacio funerario de acuerdo al rango o al menos de acuerdo a la adscripción a los diferentes linajes. En una sociedad de rango, existiría una sectorización espacial del cementerio donde A correspondería a los más privilegiados y B a los menos. En una sociedad igualitaria, simplemente habría diversidad o la cronología debe ser mejor establecida por niveles estratigráficos o capas culturales sincrónicos en A y B, tal como exigiría otra opción: interpretar la menor parafernalia en las fechas más antigua y la reciente pertenecientes al Sector B, y la mayor profusión asociada a la fecha intermedia del Sector A, como modificación de las costumbres funerarias a lo largo del tiempo. Azócar y Matos desestiman demasiado pronto esta opción por favorecer la continuidad del cacicazgo. Sin embargo, podríamos estar ante un desarrollo preclásico (inicio, menor profusión), clásico (auge y prosperidad, mayor profusión) y postclásico (decadencia, menor profusión) a lo largo de 500 años, sea de una sociedad de diversidad horizontal o en una sociedad de diferenciación vertical. Después de todo, queda por explicar qué sucedió con el estilo Tocuyano, y existe aún un vacío arqueológico entre el siglo VII cuando desaparecería la Fase Boulevard, y el siglo X, cuando aparece el estilo Tierra de los Indios. Tal solución de continuidad temporal, pero no necesariamente espacial, se borra si se hace equivalente la Fase Boulevard al estilo San Pablo como lo cree Lilliam Arvelo.

La orientación estaría relacionada con la cosmología, el orden cósmico al que se proyectaría el orden social. Pensaríamos, de acuerdo a la etnología, que la orientación está menos dejada al albedrío individual de lo que Azócar y Ramos suponen, y quizá se la deba relacionar aún más con la identidad de los linajes. Las popularidades relativas (es nuestro cálculo aproximado) en los sectores A y B para la orientación son: NS A-16% B-12%; NESW A-4,7% B-20%; EW A-20% B-40%, SENW A-0,9% B-2%, SN A-1,9% B-2%; SWNE A-1,4% B-4%; WE A-19%, B-4%, NWSE A-8,5% B-12%, No identificados A-27% B-4%. Son 212 enterramientos en el sector A y hasta el momento 50 en el sector B. Ambos tienen deficiencias muestrales: en el sector A la mayor parte (27%) de los enterramientos no tuvieron orientación identificada, por lo que las interpretaciones de Azócar y Ramos al respecto son apresuradas; en el sector B la muestra es aún muy limitada y las excavaciones no hay finalizado. No nos queda claro por qué esta falta de identificación: mal manejo de Lucena, deterioro de los restos, o que se trata de enterramientos secundarios donde no hay o se ha perdido la orientación. Quizá los enterramientos de orientación no identificada son cruciales para mostrar un patrón respecto a la orientación, pero ciertamente se observa una tendencia. La flexión presenta similar problema. Los hay extendidos, flexionados y dispersos. Los hay extendidos decúbito dorsal y ventral, y los hay flexionados decúbito dorsal, ventral, lateral izquierdo y lateral derecho. Las popularidades relativas por sector A o B son (nuestro cálculo): EDD: A-35,38%, B-18%; EDV: A-3,77% B-0; FDD A-10,38% B-52%, FDV A-0 B-6%; FDLD A-0,47% B-6%, FDLI: A-0,47% B-4%; dispersos A-49,52%, B-14%. No es afirmado con claridad, pero parece que según Azócar y Ramos los restos dispersos corresponderían a enterramientos secundarios, si no es así, introduce sesgos en el muestreo. Dada la dificultad de señalar “la existencia de patrones que incluyan todos los rasgos” [Azócar y Ramos, 1986: 94], se relaciona tentativa las diferencias en la flexión con la cronología, aunque sin ofrecer datos cronológicos o estratigráficos que lo sustenten. No establecen ninguna relación con el carácter primario o secundario de los enterramientos, ni con el carácter directo o indirecto de los primarios. En los enterramientos primarios indirectos se han observado impresiones o restos de esteras de trenzas de plegado cruzado 2/2 y algunas de plegado simple 1/1, y leños, por debajo y por encima del enterramiento y de sus ofrendas cubiertos con esteras [Monsalve y Molina, 1986]. Quizá estos enterramientos correspondan a un horizonte, lo que merecería mayor estudio en ambos sectores del cementerio

La profusión (cantidad de objetos) y su calidad (materia prima de los objetos votivos) las relacionan Azócar y Ramos directamente con el rango, dado que no obtienen seguridad respecto a la relación de éste con la orientación y la flexión. El criterio de profusión es el más creíble de todos, así que no lo discutimos. En cuanto a calidad, suponen que mientras más puramente de concha es el ajuar, mayor rango indica, y mientras más cerámico, menor, ya que todos tenían acceso a la cerámica. ¿Pero por qué los personajes de mayor rango no preferirían mayor diversidad de materiales? De hecho, ¿existían platos o vasijas de concha que sustituyeran a los de cerámica para contener ofrendas de alimentos? El criterio de calidad, tal como es establecido, nos parece dudoso, aunque muy pertinente. Estimamos que la calidad debe medirse por la variedad de materia prima, y no por consistir menos o más de una u otra. Ciertamente, lo que se observa en las tablas es que la mayor variedad de materias primas coincide con la mayor profusión, la que a su vez coincide con la orientación más popular. Esta coincide con la flexión más popular.

Si otra variable distinta de la profusión es tomada como independiente, la interpretación podría diferir. Una interpretación alterna que se nos ocurriría es la de un linaje dominante (si no políticamente, al menos demográficamente) señalado por la orientación EW, que en lo interno presenta variabilidad, con los ajuares tantos más como menos profusos y las flexiones tanto más como menos populares, correspondiente a la jerarquía interna de un clan cónico. Para la jerarquía con respecto al resto de la tribu, parece privilegiado con respecto a los demás linajes, señalados por otras orientaciones. El segundo grupo en jerarquía subtribal podría ser el señalado por la orientación WE. De nuevo, en su seno hay “ricos” y “pobres”, pero en su totalidad son más “ricos” que otros linajes, y más “pobres” que el primer linaje que hemos discutido. Y así cada linaje como segmento de la tribu. Esto nos parece congruente con la estructura social de los clanes cónicos, y con la evidencia etnográfica de grupos actuales con sibs o fratrías tales como los Wayuu o los Kúrrim. Los grupos poderosos, en lugar de ser los de miembros más escasos, son los más grandes demográficamente, y de hecho los más pequeños son débiles y marginados. Debido a su tamaño, los linajes con un número de fectivos grande pueden cumplimentar los derechos, deberes y prerrogativas que les impone la solidaridad del parentesco, y prospera tanto el más numeroso como el más poderoso. Esto implica desigualdad, rangos y jerarquías en la tribu, pero no necesariamente implica un cacicazgo con un estrato dominante desligado permanentemente de la producción de alimentos.

Para el segundo milenio de nuestra era, parece haber mayor confianza en la asignación de las sociedades en juego como cacicazgos. Desde el siglo X hasta el siglo XVI, momento de contacto con los europeos, se observan enterramientos primarios con vasijas cerámicas de decoración polícroma arqueológicamente asociados a grupos Tierroides, que según documentos etnohistóricos hacen corresponder al Quíbor tardío como una región multiétnica pese a la relativa unidad estilística. Haya sido jerárquico o igualitario, el modo de producción tribal sería disuelto.

Bibliografía

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LUCENA GOYO, Adrián (1982): Fabricantes antiguos de objetos de concha: excavaciones en el cementerio prehispánico de El Boulevard, Quíbor, Estado Lara, campaña de 1965-1979. Boletín Antropológico 1: 39-47.

MOLINA CENTENO, Luis E. (1995): Costumbres funerarias de los antiguos habitantes del Estado Lara, Venezuela. En: Arte para el más allá: arqueología prehispánica de Venezuela. Gira Europea, Colección Arqueológica La Salle, octubre 1995-julio 1996. Barquisimeto: Museo de Barquisimeto. Consejo Nacional de la Cultura CONAC. Pp. 26-30.

MOLINA CENTENO, Luis E., y María Ismenia TOLEDO (1986): Excavaciones arqueológicas en el Cementerio de Quíbor (Sitio LJ1), Estado Lara, Venezuela. Quiboreña 1 (1): 15-21.

MONSALVE, María Mercedes, y Luis E. MOLINA CENTENO (1986): Uso funerario de cestería entre los grupos prehispánicos de Quíbor, Estado Lara, Venezuela. Quiboreña 1 (1): 22-47.

NECTARIO MARÍA (1942): Contribución a los estudios etnológicos y arqueológicos de Venezuela. Memoria de la Sociedad de Ciencias Naturales La Salle 2 (4): 17-21.

TOLEDO, María Ismenia (1995): La cerámica funeraria en el sitio Boulevard de Quíbor, Estado Lara, Venezuela. Boletín del Museo Arqueológico de Quíbor 4: 75-112.

VARGAS ARENAS, Iraida, María Ismenia TOLEDO, Luis E. MOLINA CENTENO, y Carmen Elena MOUNTCOURT [1984] (1997): Los artífices de la concha: ensayo sobre tecnología, arte y otros aspectos socio-culturales de los antiguos habitantes del Estado Lara. Caracas: Facultad de Ciencias Económicas y Sociales FACES de la Universidad Central de Venezuela UCV. Quíbor: Museo Arqueológico de Quíbor. Alcaldía del Municipio Jiménez, Estado Lara. Fundacultura.

Posted by dalegrett at Junio 2, 2005 02:11 PM Posted to Arqueología | Arqueología venezolana | Costumbres funerarias | Estado Lara | Etnología | Formas políticas | Organización social | Quíbor | Venezuela

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