Septiembre 12, 2005
Conferencia Psicoanálisis y vida y Seminario Lo que el sinthome nos enseña de Xavier Esqué
II SEMINARIO INTERNACIONAL DE CARACAS
"Lo que el sinthome nos enseña"
Dictado por:
Xavier Esqué
(AE de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis , Barcelona , España)
CARACAS 27, 28 Y 29 DE OCTUBRE DE 2005
Del 27 al 29 de Octubre el psicoanalista Xavier Esqué (AE de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis) visitará nuestra Sede. Dentro de las actividades planificadas durante su visita tendremos una Conferencia pública: "El psicoanálisis y la vida" (Jueves 27) y un Seminario Internacional "Lo que el sinthome nos enseña" (Viernes 28 y sábado 29).
Xavier Esqué, fue nominado como Analista de la Escuela (AE) en noviembre de 2003. En su testimonio de pase: "El síntoma, la final del análisis se hace practicable" subrayó que se debe concebir el final de análisis considerando la necesidad del horizonte del pase y el consiguiente lazo a la Escuela.
Esqué planteó también la cuestión de la elección en el pase, se pregunta si es una elección, ya que, “no es una obligación hacerlo” . En su caso fue una elección forzada, un real que lo tomó sin cálculo.
Pero, ¿de qué hablamos cuando nos referimos al “pase”?
El pase es un dispositivo inventado por Jacques Lacan y atraviesa toda su enseñanza, a fin de dar cuenta de aquello que es necesario que opere para que se dé un desplazamiento de la posición de analizante a la de analista.
En las Escuelas de orientación lacaniana, hay un antes y un después de la creación del dispositivo del Pase. Históricamente, el Pase se instaura con el texto de Lacan "Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela" y su espíritu ha sido el de devolver al analista su propia responsabilidad, tanto clínica como institucional, que hasta ese momento se ubicaba más del lado de su ejercicio profesional que del propio análisis.
A partir de la nominación, el Analista de la Escuela (A.E.) deberá hacer transmisión pública de aquello testimoniado. El A.E. asume la posición de hacer avanzar el psicoanálisis, apuesta a la elaboración colectiva a partir de la demostración de aquello que pudo hacer con su determinación inconsciente.
Hoy, la esencia del Pase se continúa en diferentes Escuelas del mundo, cohesionadas desde la orientación que imprime la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
En próximas entregas seguiremos abordando aspectos de este interesante tema que despierta ya grandes expectativas.
PROGRAMA:
Jueves 27 de octubre:
6:30 PM Inscripciones
7:30 PM CONFERENCIA PÚBLICA : "El Psicoanálisis y la vida". Entrada libre.
Viernes 28 de octubre:
2:30 PM Inscripciones
3:30 PM Refrigerio
4:00 PM PRIMERA CONFERENCIA : "La verdad del síntoma"
6:00 PM Cocktail de apertura
Sábado 29 de octubre:
9:30 AM Refrigerio
10:00 AM SEGUNDA CONFERENCIA: "Más lejos que el inconsciente"
3:30 PM Refrigerio
4:00 PM TERCERA CONFERENCIA: "La función del sinthome"
6:00 PM Cierre
LUGAR:
Hotel Centro Lido. Av. Francisco de Miranda, Urbanización El Rosal, Caracas.
COSTO:
ANTES DEL 10 DE OCTUBRE DE 2005:
Estudiantes de pre y postgrado, participantes de los CID: Bs 100.000,00 ($50,00 aprox.)
Profesionales y público en general: Bs. 130.000,00 ($65,00 aprox.)
(Pueden hacerse arreglos de pago abonando el 50% del costo para reservar el cupo y cancelando el resto del mismo antes de la fecha tope).
DESPUES DEL 10 DE OCTUBRE DE 2005:
Estudiantes de pre y postgrado, participantes de los CID´s: Bs 120.000,00 ($60,00 aprox.)
Profesionales y público en general: Bs. 150.000,00 ($75,00 aprox.)
RESERVACIONES:
Las personas interesadas en participar en el seminario pueden reservar su cupo a través de los correos electrónicos:
nel.caracas@gmail.com
nelcaracaspro@cantv.net
ruth.hernandez@gmail.com
INSCRIPCIONES:
A partir del lunes 12 de septiembre de 2005 y hasta la fecha del evento:
Local de la NEL-Caracas-Declaración:
Avenida Caurimare, Qta. Josefina, Local 4, Colinas de Bello Monte, Caracas
Horario: de 2:00PM a 7:00PM
Teléfono:0212-7534542.
Local de la NEL-Caracas-Pronunciamiento:
Calle California con Mucuchíes, edificio Los Ángeles, torre B, piso 2, oficina B5, Las Mercedes, Caracas
Horario: de 8:00 AM a 6:00 PM
Teléfonos: 0212-9939758; 0212-9937246.
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Agosto 12, 2005
¿Qué es lo que digo?
Ocupando la posición de didacta, un sujeto supuesto al saber, no era Freud el que asustaba a sus interlocutores al advertirles saber “que la enseñanza trata siempre de disimular al principio a los estudiantes las dificultades y las imperfecciones de la materia enseñada. Mas esta conducta no puede seguirse en el psicoanálisis” [Freud, 197…: 103]. Transferían a su persona una inquietud ante su transgresión de pasar más allá del poste de lo tabú, el límite del universo oficialmente permitido.
Lacan acotaba [1957] que Freud, más que comparable a Colón como “descubridor” de un “nuevo” continente, lo era a Champollion como descifrador de jeroglíficos: aquél que ha encontrado la clave, la lógica de un saber que se había ocultado y aparentemente enmarañado tras el ocaso de aquellos egipcios, que cedieron la claridad a los griegos. No debía haber sido novedad ni haber producido sorpresa ni desconcierto al “espíritu científico” y “positivo” haber hecho racional lo que había permanecido “irracional”, pero, obstinados, en estos asuntos habían mostrado en el fondo demasiado corazón de Pascal como para no espantarse. Claro, esta vez no callaban: el obligado silencio había sido levantado… y eso hablaba.
La oscuridad no estaba en el “objeto” sino en el sujeto que se había escindido de él, no queriendo, y al final no pudiendo, reconocerle… o reconocerse en él a sí mismos. “El objeto del psicoanálisis es precisamente lo que Freud descubrió, es decir el Inconsciente. Para acceder a él el psicoanálisis cuenta con un único medio: la palabra. Toda su eficacia reside en ella” [Brodsky, 1980: 5]. Habían censurado capítulos, libros, de sus vidas, de su ser: no queriendo publicarlo la entidad oficial, hallaba su salida por contrabando, sin saldos a favor del que se decía amo de la casa. “El inconsciente es ese capítulo de mi historia que está marcado por un blanco u ocupado por un embuste: es el capítulo censurado. Pero la verdad puede volverse a encontrar; lo más a menudo ya está escrita en otra parte” [Lacan, 1972: 80].
Lo que quedaba inscrito mas perdido en un conveniente olvido, un resto cuyo retorno era a su vez fuente de inconveniencias, tenía que ser recobrado por el nuevo racionalismo con inciertos tanteos, y muchos, asustados y exigiendo una claridad perfecta que tuviera por guía a una luminaria como Virgilio, retrocedían y se resistían a aventurarse por esos senderos. “El status del inconsciente, tan frágil en el plano óntico…, es ético. Freud… dice: Sea como fuere, hay que ir a ver, porque, en alguna parte, el inconsciente se muestra” [Lacan, 1986: 41].
El sapere aude! del Siglo de las Luces debía ser escuchado de nuevo, se tenía que ser audaz: “si este hecho os parece inadmisible, o estáis habituados a mayores certidumbres y a deducciones más elegantes, podéis dispensaros de seguirme, e incluso creo que harías bien en abandonar por completo el estudio de los problemas psicológicos, pues es de temer que no encontréis en él aquellos caminos exactos y seguros, únicos que estáis dispuestos a seguir” [Freud, 197…: 103].
¿Pero qué se iban a poner a buscar allá, o más allá? Sujetos de la certeza, o sujetos y esclavizados a la certeza solipsista de la metódica cartesiana en la verificabilidad de la res extensa y la no intromisión de la res cogitans aséptica y prístina, autónoma y transparente, no eran, sin embargo, capaces de poner en duda una identidad que habían establecido: certeza, exactitud, verdad y que el lugar donde pensaban fuese otro que éste. Eran incapaces de concebir “la diferencia radical que se abre entre exactitud y verdad, diferencia que separa al psicoanálisis de todas las prácticas que excluyen al sujeto del goce y del sufrimiento implicados en su síntoma, el camino de una ciencia que excluya al sujeto de la palabra y del lenguaje es un camino sin salida” [Miquel Bassols, en Miller, 1997: 8].
Pues bien, algo se les escapaba por ese camino que no habían seguido o con cuyo cierre habían tropezado, y como que era algo importante, porque su falta y la herida que dejaba abierta, no se hacía sino más dolorosa cuanto más renegada, parapetada o suturada (quizás habían dejado el instrumental dentro). Algo tan real como su venerada “extensión” mucho les dolía, y sin embargo, eran incapaces de aprehenderlo, de captarlo, por la paradójica voluntad de no soltarlo, de no dejarlo ir en su deseo de guardarlo, ahogando, dificultando e imposibilitando la comunicación de su sufrimiento. “El sujeto va mucho más allá de lo que el individuo experimenta «subjetivamente», tan lejos exactamente como la verdad que puede alcanzar, y que acaso salga de esa boca que acabáis de cerrar ya” [Lacan, 1972: 85]. Ni las sofisticadas palabras de sus ciencias de lo tangible ni la enrevesada jerga hegeliana en sus elevados efluvios barrocos, podían abarcar toda esa realidad, imposible de retener en las manos abiertas como puñados de arena seca. Se escurría.
“El inconsciente es lo evasivo, pero logramos circunscribirlo en una estructura, una estructura temporal” [Lacan, 1986: 40]. El de la causa freudiana es un nuevo intento de contención de lo real. Tomando por trozos los eslabones de la cadena, se acercaría a la verdad, pondría cerco a lo real escurridizo, conocer sus determinaciones, su historia. El psicoanalista es historiador que pretende darle sentido a una vida. Su significación a través de los significantes que la han configurado. Es la historia de una lengua la que quiere trazar el analista. “Sus medios son los de la palabra en cuanto que confiere a las funciones del individuo un sentido; su dominio es el discurso concreto en cuanto campo de la realidad transindividual del sujeto; sus operaciones son las de la historia en cuanto que constituye la emergencia de la verdad en lo real” [Lacan, 1972: 78].
Ante todo, procede por la introducción de una regla fundamental: déjelo oírse, déjelo hablar, hable y diga todo, sin callar, diga todo lo que se le ocurra. Es hablar ad libitum, y luego, en algún momento hablará la libido. “Para liberar la palabra del sujeto, lo introducimos en el lenguaje de su deseo, es decir en el lenguaje primero en el cual más allá de lo que nos dice de él, ya nos habla sin saberlo, y en los símbolos del síntoma en primer lugar” [Lacan, 1972: 112]. Y entonces brota, mana, con todo su caudal, y no cede ante los diques que el sujeto sorprendido intenta levantar ante la ruptura del bien guardado silencio: “no es sino con las palabras que el sujeto puede decir lo que casualmente no quería en absoluto decir” [Brodsky, 1980: 7]. Pero al decirlo todo, nos dice que él no es todo él. En el psicoanálisis se objeta “toda referencia a la totalidad en el individuo, puesto que el sujeto introduce en él la división, así como en lo colectivo que es su equivalente. El psicoanálisis es propiamente lo que reduce al uno y al otro a su posición de espejismo” [Lacan, 1972: 111].
Espejismo, cuestión de la imagen, de lo imaginario, de la díada fundamental establecida entre paciente y analista, donde entra a hablar un tercero no invitado, no previsto por el paciente, pero siempre presente y siempre actuante. El analista “escucha a un sujeto que, desbordado por sus propias palabras, no sabe lo que dice: que siempre dice más o menos de lo que él cree que dice para quien sabe escucharlo. Escucha a un sujeto que no es dueño de su decir, que no es amo de sí mismo. Es un sujeto «sujetado» a un sistema de determinaciones, algunas de las cuales el psicoanálisis intentará descifrar” [Brodsky, 1980: 7].
Aquí, si el psicoanalista es un científico, la suya no sería una ciencia “natural”, sino la ciencia “humana” de la filología y la “social” de la lingüística. “El síntoma se resuelve por entero en un análisis del lenguaje, porque él mismo está estructurado como un lenguaje, porque es lenguaje cuya palabra debe ser librada” [Lacan, 1972: 89]. En este momento, la posición del psicoanalista es la del lingüista, “En cuanto se habla, de hecho uno es hablado por la lengua. El descubrimiento del inconsciente por Freud no es sino esto. Cuando el psicoanalista invita al sujeto a hablar, el sujeto se descubre inmediatamente él mismo hablado por la lengua, como lo ha estado desde siempre” [Miller, 1984: 33].
Son otras voces las que hablan en el analizante: el diálogo que cree sostener intersubjetivamente con el analista, es heteroglósico. “El inconsciente es aquella parte del discurso concreto en cuanto transindividual que falta a la disposición del sujeto para reestablecer la continuidad de su discurso consciente” [Lacan, 1972: 79]. Sus palabras no las admite primeramente como suyas. Ya son añejas, pero se resistiría a reconocerles aire de familia. Un saber que por no sabido cree ignorar y que le es ajeno. “Una palabra es, en realidad, la repetición del discurso del Otro, es una cita” [Miller, 1997: 50].
El mensaje transportado por esta trama intertextual es que el inconsciente del sujeto es el discurso del otro [Lacan, 1972: 85]. Hay una antropología subyacente a la experiencia analítica. “El descubrimiento del psicoanálisis es que el lenguaje transforma al individuo humano hasta en su cuerpo, en lo más profundo de sí mismo, que transforma sus necesidades, que transforma sus afectos” [Miller, 1984: 33]. Es tanto una antropología dialógica como una tanatológica. “El rasgo fundamental valorizado por la experiencia analítica es que el hombre es un viviente, pero un viviente que habla [Lacan acuña el término parlêtre], lo cual incluso tiene consecuencias en su cuerpo, que la estructura esclaviza al sujeto, que lo fragmenta en efectos de significante” [Miller, 1984: 21]. Es ser que habla que se hace ser para la muerte en tanto que sufre por la división que introduce el lenguaje entre él y el mundo.
Pero lo que repercute en escisión le era necesario para su mediación, vehículo de realizaciones y exigencias. “Las necesidades del hombre están completamente transformadas en él por el hecho de que habla, por el hecho de que dirige demandas al Otro…, ese Otro que Lacan llama el Otro omnipotente de la demanda” [Miller, 1984: 22] . Hay por principio una imposibilidad de comunicación. En cuanto se hace de la palabra para dirigirse a otro, se sujeta al otro. “Lo que busco en la palabra es la respuesta del otro. Lo que me constituye como sujeto es mi pregunta. Para hacerme reconocer del otro, no profiero lo que fue sino con vistas a lo que será. Para encontrarlo, lo llamo con un nombre que él debe asumir o rechazar para responderme…. Me identifico en el lenguaje, pero sólo perdiéndome en él como un objeto” [Lacan, 1972: 117].
En cuanto calla por su sorpresa, niega, en una convulsión por la libertad, ser objeto de sujeción, ésta se manifiesta en síntoma que continúa hablando, interfiriendo su voz con lo que se pretendía tener el control de decir. Luego, principio y necesidad de una imposibilidad: falla structurale y structurelle. Si al psicoanálisis le subyace una antropología, debatida entre placer y goce, entre pulsiones de Eros y Thanatos, ante todo es la lógica de una cura. “La cura es un proceso fundamentalmente intersubjetivo en el curso del cual el sujeto es llevado a reestablecer la continuidad de su historia que el síntoma interrumpe…. La cura opera porque permite dar significación retroactiva a lo que permaneció opaco para el sujeto en su experiencia” [Miller, 1984: 15].
El sujeto reconoce sus recorridos, sus determinaciones. A la pregunta ¿qué soy yo para el otro?, contrapone ¿qué es el otro para mí?. Cuál es en él el lugar de sus experiencias. El cuestionamiento de la posición de un sujeto con relación al yo de su discurso. ¿Qué soy yo y mis circunstancias sino yo? “El hecho de ser psicoanalizado, no se trata de ninguna otra cosa sino de conocer su historia” [Lacan, 1957: 10]. Esta historia es la historia del propio deseo, y lo que de la cura analítica se espera es el reconocimiento de esta historia, no la “ortopedia” de un yo imaginario, reforzado sólo para servir de suela a zapato ajeno. Adaptado, calzado a la medida de la voluntad de poder de otros sujetos naturalizada como lo real. “La meta de toda salud no consiste como se cree en adaptarse a un real más o menos definido, organizado, sino en hacer reconocer su propia realidad, en otras palabras, su propio deseo” [Lacan, en Brodsky, 1980: 8]. El analista no es director espiritual, no es agente colonial ni funcionario del Estado omnipotente. Sin embargo, el analizante insiste en poner en él saber que es suyo, el que debe producir por sí mismo para reconocer su deseo, que pone en el otro, que “debe” saber “algo” que “no me dice”, “¿qué es lo que sabrá?”, “¡dígame ya qué me pasa!”. Pero, ¿es que habrá procurado oírse? ¿Cuál es su relación con “su” palabra? La palabra de otro…
“El analista tiene la función de garantizar la experiencia analítica, es decir que interviene legítimamente en tanto que Otro, en tanto que amo, maestro cuando se trata de mantener el marco de la relación analítica, y que en el seno de este marco es el paciente quien realiza un trabajo, una tarea que toma tiempo. El acto en tanto que simbólico corresponde al psicoanalista, consiste en plantear el axioma: «todo tiene una causa». El trabajo, la producción están del lado del analizante” [Miller, 1984: 99]. Una producción de la que responde. Al reconocer el propio deseo como propio del sujeto, éste asume la responsabilidad por él aun dentro de sus determinaciones transindividuales.
Si el inconsciente, estructurado como un lenguaje, se extiende como él fuera de las fronteras del propio cuerpo y de su propio tiempo en el mundo, no por ese más allá deja de estar más acá del sujeto. “Es un error pensar, en el análisis, que el inconsciente sea el responsable de las cosas por las cuales alguien sufre. Si así fuese destituiríamos al sujeto de su responsabilidad” [Miller, 1997: 70]. Y en cuanto es la asunción de la responsabilidad del propio deseo, se trata de un acto de ética, o de una ética de nuestros actos. “El deseo es solamente susceptible de una ética, ética que Lacan formuló… en la forma siguiente: no ceder en cuanto a su deseo, y el síntoma es precisamente eso, ceder en cuanto a su deseo” [Miller, 1984: 23].
El psicoanálisis se constituiría así como subversión de la epistemología, en cuanto a que su modelo discursivo no es el de la ciencia. Habrá mostrado cuánto tiene de filología, lingüística, medicina, historia, hermenéutica, pero el sujeto de la ciencia, homólogo al sujeto del discurso de la histérica, un sujeto que sufre por su división, su escisión por el significante, no es lo que busca producir el psicoanálisis, un “método de verdad y de desmitificación de los camuflajes subjetivos” [Lacan, 1972: 64]. El psicoanálisis teniendo por modelo discursivo al del analista, es una ética, y antes que dividir al sujeto, “lo que produce el psicoanálisis es la subversión del sujeto… busca hacerlo surgir… para que llegando cada quien a lo imposible de decir que le es particular… pueda habérselas mejor con él” [Strozzi, 1999: 267].
El múltiple interés del psicoanálisis no se trata del establecimiento de diálogos entre saberes que se han segmentado. El múltiple interés del psicoanálisis está en el sujeto por fin recobrado, perdido y escindido en el cogito cartesiano. Pero en estos tiempos tras la moda estructuralista, que eliminó toda referencia al sujeto y toda opción a la libertad dentro de la cárcel del lenguaje, el del psicoanálisis no es el múltiple interés que genere en cuanto metapsicología o acto fallido de parasociología, como figuró algún momento en la elaboración freudiana, ya distinguiéndose desde allí del modelo de la ciencia, al que Bachelard, de hecho, demandaba psicoanalizar. Sí, la vía del psicoanálisis es la introducción de una ética, en estos tiempos de “post-estructuralismo”, vaguedad y nihilismo, donde, peor aún que la elisión del sujeto, se proclama la “muerte del hombre”. No extraña que pululen pretendientes a superhombres, más allá de la muerte, y que se ofrezcan como nuevos amos para todos los hombres que ya desfallecidos no se dejan oír, pues toda ocasión les es negada (no está en el Código la posibilidad de su mensaje… ¡no está sino en violación de una “Constitución”!). La lógica del nuevo jefe, igualito al anterior, es una tanato-lógica exacerbada, y el significado de las palabras y las condiciones de la convivencia y la comunicación dependen de la voluntad de poder de estos huevos quebradizos ubicados sobre el muro del lenguaje. Si la promesa terrible de que “ahora todo es posible” es la amenaza del goce sin límite, el psicoanálisis es, no la exigencia de una revolución, pero sí quizá una urgente necesidad.
Obras consultadas
- Auzias, Jean-Marie (1970): El estructuralismo. Madrid: Alianza Editorial.
- Batista, Guillermo y Viviana Rosenzwit (2002): “E-mailiando con… Guillermo Batista”. http://www.vivilibros.com/e-mailiando/
- Brodsky, Graciela y Laura Corbalán (1980): ¿Quién es Lacan? Caracas: El Diario de Caracas.
- Cottet, Serge (1988): “Pienso donde no soy, soy donde no pienso”. En: G. Miller, ed., Presentación de Lacan. Buenos Aires: Manantial.
- Freud, Sigmund (197…): Introducción al psicoanálisis. Madrid: Alianza Editorial.
- Lacan, Jacques (1957): “Entrevista con Jacques Lacan” en L’Express. http://ww.eListas.net/foro/tlon
- Lacan, Jacques (1972): “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”. En: Escritos I. México: Siglo Veintiuno Editores.
- Lacan, Jacques (1983): “Introducción del Gran Otro”. En: El Seminario Libro 2: El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. Buenos Aires: Ediciones Paidós.
- Lacan, Jacques (1984): “Posición del inconsciente”. En: Escritos II. México: Siglo Veintiuno Editores.
- Lacan, Jacques (1986): El Seminario Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Editorial Paidós.
- Leader, Darian y Judy Groves (2000): Lacan para principiantes. Buenos Aires: Era Naciente.
- León Vivas, Eduardo (2002): “La importancia de la sexualidad en el psicoanálisis”. Mimeografiado.
- Miller, Jacques-Alain (1984): Recorrido de Lacan: ocho conferencias. Editorial Hacia el Tercer Encuentro del Campo Freudiano.
- Miller, Jacques-Alain (1990): “La lógica del significante”. En: Matemas II. Buenos Aires: Ediciones Manantial.
- Introducción al método psicoanalítico. Buenos Aires: Editorial Paidós.
- Palmer, Bryan D. (1990): Descent into Discourse: The Reification of Language and the Writing of Social History
- Strozzi, Susana (1989): “Lacan: un hombre de palabra”. Suplemento Cultural de Últimas Noticias, nº 1106.
- Strozzi, Susana (1999): “Psicoanálisis, ciencia y universidad”. En: J. J. Martín Frechilla y Y. Texera Arnal, comp., Modelos para desarmar: Instituciones y disciplinas para una historia de la ciencia y la tecnología en Venezuela. Caracas: Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la Universidad Central de Venezuela.
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Agosto 11, 2005
Palabra mata, palabra cura
¿Vivimos o nos viven?
Al preguntarnos esto, ¿qué respuesta se nos daría? Quizá algún partisano nos señale, más acusador que comprensivo, nuestro “lugar” en la “producción” y nos diga que somos vividos por algún expoliador, pero antes de que tal “maestro de la sospecha” se deje oír, se nos hará ver lo absurdo de nuestra pregunta. Ante todo, lo absurdo de hacer en público un “rollo” privado. Doble trampa aquí: 1) cuando la hemos mantenido “privada”, sentimos en nosotros la censura de cantidad de voces, incluida la del partisano, y de allí que la hayamos callado: la hacemos sonar en público sólo porque nos encontramos “mal”, pues nos responden: “¿te sientes bien?”. En consecuencia, 2) es una pregunta “privada” porque debemos “privar” a otros de las “molestias” causadas por nuestro propio “malestar”. No hacer esta pregunta en público es cuestión de “urbanidad”, de saber comportarse en “sociedad”. Así pues, aun en lo más privado de nuestras acciones y pasiones, sentimos tras el hombro la guardia de no ir a llevarlas más allá, si carecen del interés de quienes por allí andan. No queda sino hacerse de nuevo la pregunta, que ya empieza a mortificar: ¿viven o nos viven?
Siempre que consideramos que entramos en sociedad, no podemos evitar hacernos cónsonos de alguna manera con el partisano. Alguien —que como que nunca lo identificamos... a menos que con el partisano escojamos la figura de algún expoliador sobre el cual señalar— nos hace entrar en sociedad. Siempre se nos coarta de gozar de algún beneficio, se nos prohíbe algún goce. Todos podemos ir hacia atrás y recordar como nuestra madre nos desdecía de una mugre que tan divertidamente se nos había pegado, como nos desdecía nuestro padre del uso de palabrotas oídas a nuestras gratas compañías infantiles, como nos desdecían de agarrar esto, hacer aquello, tocar aquesto, etc. Nos desdecían, nos ponían su palabra sobre nuestras acciones, que eran interpretadas inconsideraciones a la sociedad. Estos movimientos del cuerpo, el nuestro, eran interpretados pues, como se interpretan las palabras, y otra palabra las interrumpe y las organiza. Hay una interdicción: un intercambio de palabras que supone una siempre por encima de la otra, teniéndose que adecuar la inferior a la mayor, o que no se diga.
Los autores de estas palabras mayores se hacen de autoridad. Y con sus palabras autorizadas se han elaborado ya un largo discurso organizando el goce. Era incluso posible conseguirle abolengo a una tradición normativa de desprecio al cuerpo. Era mandato que el cuerpo callara sus palabras. Atreviéndonos a decir lo que pensábamos fuera de las palabras autorizadas, teníamos que estar mal de la cabeza, mal del cuerpo, y el cuerpo que se calle. Pero si bien la boca está en el cuerpo, el cuerpo no tiene boca. No puede callarse. Algo dice al poner esa “cara de palo” del silenciado. Por alguna razón, se le disminuye, como quien quiere hundirle y no permitir que esas palabras salgan de donde debían haber sido pensadas, y las mujeres calladas hablaban, no por la “boca”, sino por el “útero”. Eran histéricas. No saben lo que dicen. Inculpan y exculpan.
¿Es legítimo hacer nuestra pregunta una pregunta de Freud? No sólo tal vez por reprocidad, sino porque hay algún entendimiento que permite hacer nuestras las preguntas suyas. Alguien dice lo que no sabemos que decimos. Ése debe saberlo. Pero si hablamos nosotros que no lo sabemos, el que lo sabe habla en nosotros. Actúa, vemos sus efectos: nosotros mismos somos efecto suyo, pero no sabemos de quién o de qué se trata. No le queda mejor otro nombre al innombrable que inconsciente.
Ya dijimos que se nos hace entrar en sociedad con la palabra. Entrar en sociedad es entrar en las palabras, en el discurso autorizado de “quienes” dicen tenerlo “todo” bajo control. Pero, si lo tienen “todo bajo control”, todo está sujeto a su lenguaje, ¿por qué hablar llega a atormentar a alguien? ¿Por qué callar duele? Lo que decimos no es lo que queremos decir, y lo que callamos continúa hablando en nuestros sufrimientos. Como que el lenguaje decía mal algo, o como que no puede decirlo todo. Pretendiendo capturar el mundo, “invaginarlo”, las palabras no llegan a abarcar toda la realidad. Tanto le queda por fuera. Esto es lo que sabe sin saberlo el que sufre. No se trata de que dentro de sí existe un caos primordial lleno de dioses griegos, sino que dentro de sí no existía nada. Es desde afuera que entra en él los discursos autorizados, un lenguaje que aun por su poder, no puede evitar mostrar fallas. Algo falta en el lenguaje que el sufriente recibe. El vacío que era su inconsciente fue configurado por un lenguaje defectuoso, y no puede expresarse sin asomar unos baches, que el sujeto, o la sanción de los otros a quienes éste está sujeto, intenta parapetear a veces de las formas más torpes. Sobre todo, habrá que parapetear que el Otro está incompleto. No debemos imaginar faltas en otros, porque sería descubrir faltas en nosotros.
Hay un carácter divertido en el trabajo de Lacan. Él es una alteridad que actúa sobre Freud, en su retorno a él, sin que Freud pueda ser consciente de su eficacia, su presencia encubierta pero actuante sobre él. ¿Está Lacan poniéndole los parches a Freud? El retorno a Freud consiste en introducir una perspectiva estructural en las lecturas de un Freud, en cuanto tan permeados sus y sus análisis escritos del Lenguaje. La palabra cura porque es la relación con la palabra la que enferma.
Prematuros como venimos al mundo, necesitando de cuidado y guías, vivimos alguna mala vida por nuestras fallas en captar lo que otros nos dicen acerca de cómo vivir. Ellos mismos no pueden dar todos los sentidos de su vida a las palabras acerca de su vida. Nosotros mismos somos incapaces de hacerles entenderles cómo nos gustaría vivir nuestra propia vida. Los mensajes llegan distorsionados, invertidos. Luego, hay un grave problema de comunicación. Pero su gravedad está en cuánto obra esto permanentemente en mantener la comunicación. La imposibilidad de la comunicación es lo que la hace posible. Si nos diéramos a entender a la perfección, sólo por ingenuidad pensaríamos que la palabra no nos enfermaría. Porque si la comunicación es completa, si el mensaje es empaquetado perfectamente, se da por terminada nuestra comunicación con otros: “¿qué más podría decirte? nada”, ¿qué más se nos puede decir? Nada. El fin de los equívocos, el fin de los chistes, del lapsus, de los sueños plenamente realizados, serían el fin de la convivencia. El malentendimiento entre nosotros y los otros es lo que nos lleva al conflicto, pero también “el malentendido es la esencia de la comunicación”. Sólo así se puede exigir la respuesta de otros, sólo así es posible responder por nuestras acciones. La palabra mata porque deja atrás lo que queremos hacer, la palabra cura porque nos descubre lo que queríamos hacer. En el psicoanálisis podríamos entender el compromiso de la libertad con la responsabilidad. Y también asumir su mal entendimiento.
Bibliografía
- Brodsky, Graciela y Laura Corbalán (1980): ¿Quién es Lacan? Caracas: El Diario de Caracas.
- Cottet, Serge (1988): “Pienso donde no soy, soy donde no pienso”. En: Gérard Miller (ed.), Presentación de Lacan. Buenos Aires: Manantial.
- Lacan, Jacques (1957): “Entrevista con Jacques Lacan” en L’Express. Traducción de Marcos Mauas circulante en http://ww.eListas.net/foro/tlon
- Lacan, Jacques (1983): “Introducción del Gran Otro”. En: El Seminario de Jacques Lacan Libro 2: El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. 1954-1955. Buenos Aires: Ediciones Paidós.
- Lacan, Jacques (1984): “Posición del inconsciente”. En: Escritos II. México: Siglo Veintiuno Editores.
- Lacan, Jacques (1986): El Seminario de Jacques Lacan Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Editorial Paidós.
- Miller, Jacques-Alain (1984): Recorrido de Lacan: ocho conferencias. Buenos Aires: Editorial Hacia el Tercer Encuentro del Campo Freudiano.
- Miller, Jacques-Alain (1997): Introducción al método psicoanalítico. Buenos Aires: Editorial Paidós.
- Safouan, Moustafa (1975): ¿Qué es el estructuralismo? El estructuralismo en psicoanálisis. Buenos Aires: Editorial Losada.
- Strozzi, Susana (1989): “Lacan: un hombre de palabra”. En: Últimas Noticias. Suplemento Cultural nº 1106.
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Agosto 05, 2005
Zizek: El Homo sacer como el objeto del Discurso de la Universidad
Este artículo de Slavoj Zizek (ya veré luego cómo se le ponen los diacríticos aquí a su nombre) es viejo, Homo sacer as the object of the discourse of the university, 25 de septiembre de 2003. No lo leo detenidamente y a veces interpreto cómo me da la gana, pero bueno, léanlo a ver.
Me encantan estos fragmentos:
Lacan's interest is focused on the passage from the discourse of the Master to the discourse of University as the hegemonic discourse in contemporary society. No wonder that the revolt was located at the universities: as such, it merely signaled the shift to the new forms of domination in which the scientific discourse serves legitimizes the relations of domination. acan's underlying premise is sceptic-conservative - Lacan's diagnosis is best captured by his famous retort to the student revolutionaries: "As hysterics, you demand a new master. You will get it!" This passage can also be conceived in more general terms, as the passage from the prerevolutionary ancien regime to the postrevolutionary new Master who does not want to admit that he is one, but proposes himself as a mere "servant" of the People — in Nietzsche's terms, it is simply the passage from Master's ethics to slave morality...
Esto ya es admitido por todos desde hace años, pero por alguna razón, siempre hay que repetirlo. Como que no cala:
The constitutive lie of the university discourse is that it disavows its performative dimension, presenting what effectively amounts to a political decision based on power as a simple insight into the factual state of things.
Muy curioso. Éste razonamiento es muy interesante, dado que es prácticamente homólogo al que hacía S. S. Juan Pablo II acerca de una "nueva ideología del mal" posiblemente escondida detrás de los defensores del matrimonio gay, el pro-choice, la eutanasia, etc.; sólo que en este caso, se trataría de una "biopolítica" la que defiende la "vida", la "familia", el rechazo a la pena de muerte, etc.:
It is within this horizon that one should appreciate today's growing rejection of death penalty: what one should be able to discern is the hidden "biopolitics" which sustains this rejection. Those who assert the "sacredness of life," defending it against the threat of transcendent powers which parasitize on it, end up in a world in which, on behalf of its very official goal — long pleasurable life — all effective pleasures are prohibited or strictly controlled (smoking, drugs, food…).
Ahora uno puede homologar a Zizek con S. S. Benito XVI. Ésta va muy bien de acuerdo a su parecer contra los "relativistas" en la misa pro eligendo:
On today's market, we find a whole series of products deprived of their malignant property: coffee without caffeine, cream without fat, beer without alcohol... And the list goes on: what about virtual sex as sex without sex, the Colin Powell doctrine of warfare with no casualties (on our side, of course) as warfare without warfare, the contemporary redefinition of politics as the art of expert administration as politics without politics, up to today's tolerant liberal multiculturalism as an experience of Other deprived of its Otherness (the idealized Other who dances fascinating dances and has an ecologically sound holistic approach to reality, while features like wife beating remain out of sight…)?...
There are two topics which determine today's liberal tolerant attitude towards Others: the respect of Otherness, openness towards it, AND the obsessive fear of harassment — in short, the Other is OK insofar as its presence is not intrusive, insofar as the Other is not really Other...
Éste me mata de risa:
..."Safe sex" — a term which makes one appreciative of the truth of the old saying "Is having sex with a condom not like taking a shower with a raincoat on?".
Debe ser por esto que soy capaz de poner a Zizek, a Lacan, a Freud, a Juan Pablo II y a Benito XVI en el mismo sitio, el "juicio infinito" que Zizek describe para la sociedad liberal (yo digo: ¿cuál sociedad liberal?):
What we were describing what cannot but appear as two opposite ideological spaces: that of the reduction of humans to bare life, to homo sacer as the dispensable object of the expert caretaking knowledge; and that of the respect for the vulnerable Other brought to extreme, of the attitude of narcissistic subjectivity which experiences itself as vulnerable, constantly exposed to a multitude of potential "harassments." Is there a stronger contrast than the one between the respect for the Other's vulnerability and the reduction of the Other to "mere life" regulated by the administrative knowledge?But what if these two stances nonetheless rely on the same root, what if they are the two aspects of one and the same underlying attitude, what if they coincide in what one is tempted to designate as the contemporary case of the Hegelian "infinite judgement" which asserts the identity of opposites? What the two poles share is precisely the underlying refusal of any higher Causes, the notion that the ultimate goal of our lives is life itself. Nowhere is the complicity of these two levels clearer as in the case of the opposition to death penalty — no wonder, since (violently putting another human being to) death is, quite logically, the ultimate traumatic point of biopolitics, the politics of the administration of life. To put it in Foucauldian terms, is the abolition of death penalty not part of a certain "biopolitics" which considers crime as the result of social, psychological, ideological, etc., circumstances: the notion of the morally/legally responsible subject is an ideological fiction whose function is to cover up the network of power relations, individuals are not responsible for the crimes they commit, so they should not be punished? Is, however, the obverse of this thesis not that those who control the circumstances control the people? No wonder the two strongest industrial complexes are today the military and the medical, that of destroying and that of prolonging life.
Lo que me gusta (y espanta) de los psicoanalistas es que son más liberales que los liberales: ellos todavía abogan por un sujeto responsable, qué sólo es así es libre. Que el psicoanálisis es una ética de la responsabilidad. Se trata todo de la libertad. De tal manera, es nuestro derecho que no nos repriman nuestra pulsión de muerte, debemos ser libres incluso para morir:
Recall the informations about health we are bombarded with all the time: "Smoking is dangerous! To much fat may cause a heart attack! Regular exercise leads to a longer life!" etc.etc. — it is impossible not to hear beneath it the unconditional injunction "You should enjoy a long and healthy life!"… What this means is that the discourse of the University is thoroughly mystifying, concealing its true foundation, obfuscating the unfreedom on which it relies.
Y usted, universitario radical, ¿qué dice?
Posted by dalegrett at 11:18 AM | Comments (0) | TrackBack